Castillo de Canena, de las finanzas al aceite de oliva gourmet

La firma jiennense vende el 80% de su producción en cuarenta países

Elisa Navas
22/04/2013 - 8:00 h.

Hace una década la familia Vañó, vinculada al mundo oleícola desde el siglo XVIII, decide crear la marca Castillo de Canena para producir y comercializar aceites de oliva de gama alta.

Diez años después, su director general, Francisco Vañó, asegura no estar arrepentido de haber abandonado el mundo de las finanzas (ocupó cargos directivos en el Santander) y mantiene la ilusión por seguir vendiendo e innovando un producto con más de 5.000 años de historia.

La empresa familiar está comandada por el propio Francisco y por su hermana Rosa, que también dio carpetazo a su etapa como responsable de marketing de Coca-Cola para adentrarse en el sector agroindustrial del que, aseguran, tiene aún un largo recorrido.

Pero la responsabilidad de este retorno al mundo agrícola la tiene el padre de ambos, Luis, cuando hace 30 años decidió comprar el castillo de Canena, tras ser presidente del Banco Árabe Español e Iberoamericano de Panamá, entre otros cargos. Su hijo recuerda que este proceso no ha sido más que una vuelta a las raíces familiares, dado que los Vañó se han dedicado al sector oleícola desde 1780.

Hoy, Castillo de Canena produce una media de 1,5 millones de litros de aceite procedentes de la finca familiar Cortijo Guadiana, de 1.500 hectáreas y 285.000 olivos. De esta producción, solo el 5% se comercializa bajo el paraguas Castillo de Canena, mientras que el grueso restante se destina a su venta a granel. Así, la pasada campaña sacó al mercado 180.000 botellas con 80.000 litros de aceite de alta gama, dado que desde el principio fue esa la filosofía de la empresa: producir sólo aceite de excelente calidad de las variedades arbequina, picual y royal.

Precisamente, esta apuesta por la calidad es lo que les ha salvado de la crisis, explica Vañó, quien, no obstante, revela que el mercado nacional bajó en ventas un 20% en 2012, «aunque la facturación creció un 1% hasta el 1,2 millones de euros, explica.

Este descenso del mercado doméstico se ha visto compensado con una subida en el internacional. Si en 2005 la proporción era de 55% de ventas al exterior, en 2012 la cifra alcanzó ya el 80%. Ello quiere decir que la crisis «o ha pasado o no ha existido en otros países», sostiene su director general.

Actualmente, Castillo de Canena vende a 40 países que van desde Estados Unidos a Japón, pasando por los países nórdicos y Alemania. No obstante, apunta ya a los nuevos mercados emergentes como el ruso y el ucraniano.

Aunque sus aceites son monovarietales, la empresa estudia sacar ensamblajes para destinarlos a estas nuevas plazas.

Innovación
A pesar de tratarse de un producto milenario y unido a la cultura mediterránea, los Vañó apuestan por la innovación; el último ejemplo de ello es su reciente aceite al humo de roble. Sus aceites se consideran «orgánicos» al estar exentos de pesticidas y abonos químicos. Una filosofía corporativa en pro de la sostenibilidad que se plasma tanto en la producción como en el posterior proceso industrial. La familia apuesta por el compostaje, la energía fotovoltaica y el uso del resto de poda para producir biomasa.

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